My Kid Is Transgender?!

I cut off my breasts at 18, took testosterone for 4 yrs, and now live with a deep voice & facial hair I can’t undo. Kids need love, not scalpels and hormones they’ll regret.

Resumen

Mikayla Silverthorn, a detransitioned woman who took testosterone from 18 and had chest surgery, speaks to parents whose children say they are trans. She urges calm, curiosity and unconditional love while firmly advising against rushing into hormones or surgery, emphasising that saying “no” to medical transition is not hate if paired with support.

Resumen Completo del Video

En este video, Mikayla Silverthorn—quien nació mujer, comenzó hormonas masculinizantes en su cumpleaños número 18, vivió como un hombre trans durante aproximadamente cuatro años y ahora ha desistido de su transición durante unos dos años y medio—habla directamente a los padres cuyos hijos han anunciado que son transgénero. Basándose en su propia experiencia con cirugía de tórax y el uso prolongado de testosterona (lo que le dejó una voz grave y vello facial), Mikayla enfatiza que el primer paso es asegurarse de que el niño se sienta amado. Ella insta a los padres a preguntarse si abrazan a su hijo, le dicen que es apreciado y pasan tiempo activamente con él, argumentando que muchos niños buscan la transición en busca de amor y validación. Cuando un niño sale del clóset, Mikayla recuerda a los padres que es probable que el niño esté aterrorizado—preocupado por ser rechazado, ridiculizado o echado de casa—por lo que la reacción inicial de los padres debe ser calmada y curiosa, no explosiva. Recomienda hacer preguntas gentiles como: "¿Dónde aprendiste sobre ser transgénero?" y pedir ver los videos o sitios web que influyeron al niño, todo con el fin de entender el panorama completo. Si bien se fomenta la apertura, Mikayla también deja claro que los padres no están obligados a estar de acuerdo con cada paso que su hijo solicite. Ella afirma explícitamente que no apoyaría a un niño que pida "extirparse" partes del cuerpo o comenzar regímenes hormonales sin una discusión cuidadosa, destacando que las hormonas son "serias" y pueden afectar permanentemente la fertilidad. En el aspecto práctico, Mikayla dice que los padres deben permitir la expresión social—ropa, maquillaje o un nombre elegido—sin cambios legales inmediatos, y deben insistir en terapia y un período de espera antes de cualquier intervención médica. Subraya que decir "no" a hormonas o cirugías no convierte a un padre en odioso, siempre que el rechazo vaya acompañado de amor y apoyo continuos. Incluso si un hijo adulto decide transicionar después de dejar el hogar, Mikayla insiste en que el deber de los padres es seguir amándolo, comparándolo con amar a un hijo que podría terminar en prisión: el amor, una vez dado, no puede simplemente retirarse. Finalmente, se dirige a los padres que ya sienten que han "perdido" a un hijo o hija, reconociendo el duelo que puede acompañar la transición del niño, pero reiterando que el amor sigue siendo la respuesta más importante. Mikayla cierra invitando a preguntas coherentes en los comentarios y repitiendo su mensaje central: los padres pueden proteger a sus hijos de decisiones médicas irreversibles sin avergonzarlos ni abandonarlos, y la necesidad del niño de sentirse escuchado, visto y amado es primordial, independientemente de la postura de cualquiera sobre los temas transgénero.