Mi destransición: medio año después
La destransición me devolvió un trabajo, un coche y a mi familia. Los años trans me dejaron arruinado, aislado y fantaseando con una feminidad que nunca existió. La transición no siempre es la respuesta: a veces es el escape que te cuesta todo.
Resumen
Seis meses después de destransicionar, Martin Rei compara los diarios sombríos y sin rumbo de su etapa como mujer trans con una vida ahora llena de empleo, viajes y vínculos familiares restaurados. Aunque aún surgen disforia residual y fantasías idealizadas de la feminidad, encuentra más paz viviendo como él mismo —cuerpo masculino, sin etiquetas— que persiguiendo cualquiera de los dos estereotipos de género.
Resumen Completo del Video
Martin Rei comienza su actualización a los seis meses de su detransición hojeando los diarios que escribió mientras vivía como mujer trans y describiendo sus páginas como una «espiral descendente» que trazaba un comienzo optimista que se fue derrumbando hasta convertirse en aislamiento, falta de rumbo y la sensación de estar atrapado en su propia mente. Contrasta aquel periodo sombrío —en el que no podía imaginar ningún futuro y carecía de dinero y de apoyo emocional— con la vida que lleva ahora: tiene empleo, vivienda y puede viajar. Su primera entrevista presentándose de nuevo como hombre, con traje y un currículum con su nombre masculino, terminó con una oferta de trabajo y, dice, con la sensación liberadora de ser juzgado «por lo que puedo» y no «por lo que soy». Seis meses después tiene un coche, ha visitado «innumerables lugares» y recorre las calles de Róterdam con una estabilidad que antes creía imposible. En lo social, Martin cuenta un cambio radical. Aunque a veces echa de menos el trato más amable que recibía cuando lo percibían como mujer, valora los «lazos profundos» que ha reconstruido con amigos y familiares, que ya no luchan con los pronombres ni con cómo relacionarse con él. Las tediosas conversaciones circulares sobre el género han desaparecido, reemplazadas por una normalidad que llama «trivial» pero que aprecia profundamente. Sin embargo, este consuelo no está exento de complicaciones. Volver al tema de la detransición para este vídeo obligó a Martin a enfrentarse a sentimientos que había «decidido reprimir». Relata nuevos episodios de disforia: celos de los cuerpos de las mujeres, la evasión en videojuegos donde sigue jugando con avatares femeninos y la persistente «creencia extravagante» de que estaba destinado a nacer niña. Estas emociones conviven con el reconocimiento pragmático de que posee décadas de socialización masculina y un «cuerpo indiscutiblemente masculino» que juntos crean una existencia cómoda y familiar. Martin atribuye su conflicto a una visión idealizada de la infancia femenina —amistades que apoyan, apertura emocional— contrapuesta a una versión restrictiva y basada en la vergüenza de la masculinidad que prohibía las lágrimas y la vulnerabilidad. Concluye que la transición, para él, tuvo menos que ver con convertirse en mujer que con huir de un papel masculino distorsionado y perseguir una fantasía igualmente distorsionada de la feminidad. Mirando atrás, dice que no desharía la transición porque la experiencia le dio ideas y perspectivas que no habría podido obtener de otro modo. Hoy se identifica «como yo mismo», sin sentirse atado a los estereotipos de ningún género; ahora puede llevar ropa convencionalmente masculina, pero le consuela saber que podría dejarse crecer el pelo o ponerse una falda sin conflicto interno. El vídeo termina con Martin reflexionando sobre cuestiones sociales más amplias. Imagina un futuro en el que la presentación esté desligada de las categorías de género, en el que «cada uno de nosotros fuera simplemente una persona», libre de elegir colores, formas y comportamientos sin ser juzgado. Aunque reconoce que la disforia física y los roles sociales rígidos siguen haciendo necesaria la transición para muchos, sostiene que el objetivo final es la autenticidad personal. Citando como prueba el resurgir de su afición, dormida desde hacía tiempo, de hacer vídeos, Martin afirma que vivir con honestidad —sea cual sea la forma que adopte— es la vara con la que debería medirse cualquier identidad, transición o detransición.