Estoy detransicionando. (FTMTF)
Cuando terminó, me quedé incompleta, rota. Encontré mi identidad en Cristo, no en el género. Mi nombre es Daisy, y soy una mujer.
Resumen
Daisy Strongin relata su destransición después de años viviendo como un hombre trans, describiendo cómo el alivio posterior a la transición dio paso a un arrepentimiento abrumador, una sensación de incompletitud y una desesperación suicida una vez que completó los pasos legales y médicos. Revisa sus motivaciones iniciales—disforia social, envidia y un deseo de controlar las percepciones de los demás—y explica cómo su regreso al cristianismo la ayudó a aceptar su cuerpo femenino y su identidad dada por Dios, llevándola a vivir nuevamente como Daisy, una mujer.
Resumen Completo del Video
Daisy Strongin anuncia que se está destransicionando. Explica que, tras completar su transición y cambiar sus documentos legales, inicialmente sintió alivio, pero pronto comenzó a experimentar pensamientos intrusivos de arrepentimiento. Hacia abril de 2019, estas dudas se volvieron reales y aterradoras, manifestándose como una sensación de hundimiento enfermiza y una profunda sensación de incompletud. La disonancia que sentía después de transicionar era más profunda que la que había sentido antes, y llegó a odiar su cuerpo no porque pareciera femenino, sino porque alterarlo la había dejado sintiéndose incoherente. Se dio cuenta de que incluso si se hubiera vuelto indistinguible de un hombre cisgénero, se habría sentido vacía. Durante los primeros años de su transición, se había sentido eufórica con cada paso—los cambios de voz, la cirugía superior—y había interpretado esa euforia como una prueba de que iba por el camino correcto. Pero una vez que el proceso terminó, se sintió rota. Se volvió suicida, creyendo que sus únicas opciones eran vivir con el arrepentimiento mientras interpretaba la masculinidad o intentar revertirlo. De abril a diciembre de 2019, planeó vivir con el arrepentimiento, pero la agonía era insoportable. Comenzó a contárselo de manera indirecta a extraños y a sus citas, incapaz de expresar la verdad a quienes la conocían bien. Reflexiona que la creencia de que el arrepentimiento la llevaría al suicidio empeoró mucho la experiencia, y cree que sin esa narrativa, podría haber aprendido a vivir con su disforia en lugar de transicionar. Al revisar sus razones originales para transicionar, dice que había querido ser un niño desde la primera infancia y se alineó con la narrativa trans de 2015. No tenía disforia física, solo disforia social: un deseo de controlar cómo la percibían los demás y de ser vista como masculina. Envidaba la aceptación que recibían otros hombres trans y quería una identidad inteligible. Se sumergió en la comunidad trans e hizo videos, usando su identidad trans como un cartel protector para escudar su verdadero yo del escrutinio. Su giro hacia el cristianismo surgió junto con sus dudas. Siempre había creído en Dios en el fondo, pero evitaba una fe personal por sus implicaciones. Finalmente se abrió a las escrituras y la oración, sintiendo la presencia de Dios y dándose cuenta de que le pertenecía a Él. Enfatiza que no se destransicionó simplemente porque pensara que ser trans era un pecado; más bien, sus arrepentimientos y su fe fueron parte de una redención más profunda. Se dio cuenta de que necesitaba aceptarse a sí misma como Dios la creó, incluyendo su femineidad esencial y su deseo de ser madre y esposa. Ahora, con el objetivo de vivir plenamente como Daisy para enero de 2021, está cambiando su nombre legal, reconstruyendo su guardarropa y preparándose para contárselo a todos en su vida. Concluye afirmando que es una mujer, que hace esto por sí misma, por otros que puedan necesitarlo y por Dios.