Destransición | Colores verdaderos
Fui trans durante nueve años. La testosterona destrozó mi cuerpo, la mastectomía me robó la oportunidad de amamantar y nadie me advirtió. La detransición me salvó la vida, pero el seguro no cubre la reversión. Los niños merecen tiempo, no bisturíes.
Resumen
Euryale Enitan relata nueve años viviendo como hombre trans, comenzando a los 17, después de que adultos trans mayores afirmaran rápidamente su identidad. Sufrió daños físicos inmediatos y duraderos por la testosterona y una doble mastectomía, seguidos de un profundo arrepentimiento, la reanudación de las autolesiones y un intento de suicidio en 2020. Ahora, tras haber destransicionado, critica la facilidad para acceder a hormonas y cirugías, la falta de consentimiento informado y el modelo de afirmación para menores, e insta a padres y clínicos a permitir que los niños exploren sin intervención médica.
Resumen Completo del Video
Euryale Enitan describe una experiencia de nueve años identificándose como transgénero, que comenzó alrededor de los 17 años, seguida de la decisión de destransicionar. Criada en un entorno conservador que equiparaba la feminidad con la debilidad, dice que interiorizó la misoginia y “odiaba” ser mujer. Tras confiar en adultos trans mayores —quienes rápidamente afirmaron que era un hombre— comenzó con inyecciones y gel de testosterona, seguidos de una doble mastectomía. Informa de complicaciones inmediatas y a largo plazo: atrofia dolorosa, problemas urinarios, erupciones en los sitios de inyección, un hematoma posquirúrgico que requirió una segunda operación y injertos de pezón permanentemente deformados. Subraya que ningún profesional médico le advirtió sobre los riesgos para la fertilidad, las preocupaciones sobre la densidad ósea o los cambios genitales, y ahora lamenta no poder amamantar a futuros hijos. En el plano psicológico, la oradora relata un arrepentimiento creciente: depresión posoperatoria, reanudación de la autolesión y un intento de suicidio en 2020 que la dejó en coma durante cuatro días. Al decidir destransicionar, descubrió que el seguro no cubriría procedimientos de reversión como la reconstrucción mamaria o la depilación láser, aunque las mismas aseguradoras habían pagado los tratamientos de masculinización. Una terapeuta, afirma, cerró su caso de inmediato cuando se mencionó la destransición. Sostiene que obtener hormonas y cirugía se ha vuelto “bastante fácil”, a menudo requiriendo poco más que firmar un formulario genérico de consentimiento, y critica el uso de fármacos bloqueadores de la pubertad como Lupron —históricamente utilizados para castrar químicamente a delincuentes sexuales— en niños de tan solo nueve años. La oradora concluye que los menores están siendo guiados por “influencers” adultos en lugar de tomar decisiones informadas y autónomas, y exhorta a padres y clínicos a “dejar que los niños sean niños” en vez de apresurarse a afirmar una identidad de género fija.