FTM Detransición: Cómo confundí Tomboy con Transgénero 🤷🏼‍♀️

Las tomboys no están rotas. Diez años de testosterona borraron a la vaquera en mí—prueba de que la transición médica puede destruir la misma identidad que afirma salvar.

Resumen

Después de diez años con testosterona, Chance se detransicionó y ahora analiza cómo los rasgos de tomboy de la infancia—béisbol con niños, pistolas de juguete, declarar "Soy un vaquero"—fueron mal etiquetados como prueba de que era trans. Muestra fotos y escritos antiguos, explica cómo la transición borró la misma identidad que la hacía sentir especial y argumenta que los clínicos la apresuraron a tomar hormonas sin explorar otras causas.

Resumen Completo del Video

Chance, la anfitriona del canal de YouTube "Detransioi", comienza el video presentándose como una mujer que deshizo su transición después de diez años de terapia de reemplazo hormonal (TRH). Enmarcando este episodio como parte de "devolver la alegría a los detransicionados", explica que revisará su infancia como una niña tomboy, mostrará objetos que alguna vez parecieron "prueba" de que era transgénero y luego describirá cómo desentrañó esa interpretación. Promete finalizar con breves comentarios sobre el concepto de disforia de género. Para ilustrar cuán fácilmente se puede malinterpretar el comportamiento de una niña tomboy, Chance muestra tres objetos. Primero, una foto suya a los siete años con un equipo de béisbol de niños etiquetado como "Club de Niños", elegida —insiste— no por lástima, sino porque "tengo un brazo increíble". Segundo, una foto de Chance a los seis años sosteniendo una pistola de juguete junto a su mejor amigo. Tercero, un extracto de su autobiografía de sexto grado donde escribió: "Cuando tenía tres años... decidí que tenía que ser un niño y un vaquero", relatando cómo le dijo a su madre que se negaba a ser una niña. Hace una pausa tras cada objeto para preguntar retóricamente: "¿Es esto prueba de que soy trans?", dejando claro que ahora su respuesta es no. Luego, Chance narra su recorrido desde ser una niña tomboy hasta transicionar y luego revertirlo. Recuerda rechazar la ropa de niña, correr sin camisa por el vecindario hasta los ocho años y que constantemente la confundieran con un niño. La pubertad le resultó alienante, pero conocer lesbianas en la universidad le permitió "ser yo misma" por un tiempo. Sin embargo, más tarde transicionó, una experiencia que ahora describe como borrar "la parte más importante de mí": la identidad de vaquero que la hacía sentir especial. Dice que intentar vivir como hombre "simplemente me destrozó", y aunque recuperarse requirió esfuerzo, ahora afirma que "ser tomboy no tiene nada que ver con ser transgénero". Identificándose nuevamente como lesbiana, confiesa sentirse cómoda en su cuerpo femenino, aunque con inseguridades normales sobre peso y talla de senos, y niega haber tenido disforia de género según la definición clínica. Para cerrar, Chance argumenta que la verdadera disforia de género es una condición persistente y de por vida que solo debería diagnosticarse tras explorar todas las demás posibilidades. Critica a la "terapeuta de disforia de género que no me hizo las preguntas correctas" y lamenta lo fácil que es subirse al "tren transgénero". Su mensaje final es que ser un vaquero —o cualquier personaje infantil único— es lo que hace especial a una persona, no una prueba de haber nacido en el cuerpo equivocado.