BMJ: el supuesto consenso de EE. UU. sobre atención de género juvenil choca con evidencia débil y cautela europea

La disforia de género en los jóvenes está aumentando, y también el desacuerdo profesional

Authors
Jennifer Block
Journal
The BMJ
Year
2023

Summary

This BMJ investigation asks whether the US claim of medical agreement on treating gender distress in young people is backed by evidence. Block looks at the three most-quoted US guidance documents (from WPATH, the American Academy of Pediatrics and the Endocrine Society) and interviews experts on how they were made. Research reviews behind these guidelines rated the evidence for teenagers as low or very low quality, yet strong recommendations were made, and the pediatrics statement was not based on a formal review of the research. Meanwhile Sweden, Finland and NHS England were restricting medical treatment. It documents real weaknesses in the US guidelines and showed a major journal took the debate seriously. But it is journalism: the reporter chose the sources and examples, some figures (such as 20–30% stopping hormones) come from limited studies, and some readers called it biased.

Key findings

  • Los grupos médicos de EE. UU. (WPATH, la Academia Estadounidense de Pediatría y la Sociedad Endocrina) apoyan los bloqueadores de la pubertad, las hormonas del sexo opuesto y, en algunos casos, la cirugía para menores, mientras que Suecia y Finlandia pasaron a dar prioridad a la atención psicológica y a limitar la cirugía a los adultos.
  • La Sociedad Endocrina usó un sistema formal para valorar la evidencia y calificó la evidencia de todas sus recomendaciones para adolescentes como 'baja' o 'muy baja', pero aun así hizo a veces recomendaciones firmes. Gordon Guyatt, cofundador de ese sistema de valoración, dijo que esto debería ser raro y explicarse con claridad.
  • Las guías de 2022 de la WPATH no tienen sistema para valorar la evidencia. El experto en guías Mark Helfand halló afirmaciones 'en desacuerdo con' los propios revisores de investigación de la guía, que calificaron de baja calidad la evidencia sobre los efectos de las hormonas en la calidad de vida, la depresión y la ansiedad.
  • El autor principal de la declaración de política de 2018 de la Academia Estadounidense de Pediatría dijo que su proceso no llegaba a contar como una revisión formal de la investigación. Cochrane, un destacado grupo de revisión de la evidencia, rechazó publicar una revisión propuesta sobre bloqueadores de la pubertad tras la comprobación por expertos.
  • Un resumen de la Universidad McMaster de 61 revisiones de investigación, pagado por la agencia Medicaid (seguro médico público) de Florida, halló 'gran incertidumbre' sobre los bloqueadores, las hormonas y la cirugía en jóvenes.
  • Dos estudios recientes (una auditoría de una consulta de médico de familia del Reino Unido y registros de farmacia del ejército de EE. UU.) sugirieron que el 20–30 % de los pacientes puede dejar las hormonas en pocos años, pero estos midieron el abandono, no el arrepentimiento ni la detransición.
  • Los clínicos describieron un tratamiento médico más rápido y menos evaluación de salud mental. En un estudio de la clínica de Seattle Children's, dos tercios de los adolescentes tomaban hormonas en los 12 meses siguientes a su primera visita.

Conclusion

This investigative report from The BMJ concludes that despite claims of consensus, gender-affirming medical treatments for minors with gender dysphoria lack strong evidence-based support. Key findings include: (1) US medical organizations (WPATH, AAP, Endocrine Society) endorse gender-affirming care including puberty blockers, hormones, and surgeries, while several European countries (Sweden, Finland, France, UK) have moved to restrict medical interventions for minors, prioritizing psychological care; (2) systematic reviews commissioned by guideline bodies found evidence quality to be "low" or "very low," with experts criticizing the misapplication of "evidence-based" labeling to recommendations not meeting rigorous standards; (3) the surge in treatment of minors—particularly birth-registered females with no prior history of gender dysphoria—has outpaced research, with long-term outcomes unknown and detransition rates potentially as high as 20-30%; (4) clinical practice has shifted toward rapid medicalization, with concerns about inadequate assessment and perfunctory informed consent processes; and (5) prominent evidence-based medicine experts conclude that when rigorous systematic reviews find "we don't know," claims of certainty are not evidence-based, and consensus-based guidelines should not be called evidence-based.