Qué muestran los estudios
El hallazgo más consistente es una pesada carga psicológica, que en su mayor parte precede a cualquier tratamiento. En Finlandia, el 45,7 % de los jóvenes derivados por motivos de género necesitó atención psiquiátrica especializada antes de la derivación, frente al 15,0 % de pares emparejados (Ruuska et al., 2026); en la atención primaria inglesa, el 52,7 % tenía un registro de ansiedad, depresión o autolesión (Jarvis et al., 2025). Los registros nacionales coinciden en que las tasas de suicidio y muerte están elevadas: unas 3,5 veces más suicidios y 7,7 veces más intentos tratados en hospital en Dinamarca (Erlangsen et al., 2023), alrededor del doble de mortalidad por todas las causas en Suecia (Clark et al., 2026) y unas 4 veces más suicidios en Taiwán, que bajan a 2,6 veces frente a hermanos cis (Hsu et al., 2025). Sin embargo, los suicidios siguen siendo raros en términos absolutos (0,03 % de los pacientes de la clínica inglesa de género juvenil; Biggs, 2022). En Finlandia, el exceso de riesgo de suicidio se redujo y podría ser azar tras ajustar por el historial psiquiátrico (Ruuska et al., 2024).
La evidencia de que la transición médica reduce esta carga es débil. Las revisiones sistemáticas califican los resultados de salud mental de los bloqueadores de la pubertad y las hormonas del sexo opuesto como de certeza muy baja (Miroshnychenko et al., 2025) o baja, sin poder concluir nada sobre el suicidio (Baker et al., 2021). Las cohortes de bloqueadores en Inglaterra y EE. UU. no hallaron ningún cambio medible en el malestar o la depresión (Carmichael et al., 2021; Olson-Kennedy et al., 2025). Un estudio quirúrgico sueco muy citado se corrigió después de que una comparación de cirugía frente a ninguna cirugía en 1018 personas por grupo no mostrara beneficio (Bränström & Pachankis, 2020). En Finlandia, la atención psiquiátrica especializada entre los jóvenes que transicionaron pasó del 9,8 % al 60,7 % (feminización) y del 21,6 % al 54,5 % (masculinización) tras la derivación (Ruuska et al., 2026), y en Ámsterdam se produjeron suicidios en todas las fases, incluidos 16 tras una cirugía completa (Wiepjes et al., 2020). Las asociaciones entre el uso del nombre elegido o la aceptación familiar y una mejor salud mental proceden de encuestas transversales pequeñas (Russell et al., 2018; Ryan et al., 2010), y una revisión no halló evidencia de beneficio ni de daño de la transición social (Hall et al., 2024).
Límites de la evidencia
Los estudios de registros son grandes pero ajustan poco más allá de la edad y el sexo, rara vez registran la exposición a hormonas o cirugía y a menudo se apoyan en pocos suicidios (12 en Dinamarca; 10 en Dhejne et al., 2011). Las explicaciones de los autores, ya sea estrés de minorías o enfermedad mental preexistente, quedan sin probar. Los estudios de tratamiento carecen de grupos de comparación no tratados y pierden a muchos participantes, por lo que los efectos causales en cualquier dirección siguen sin resolverse.